El interior de un tren es un lugar perfecto para contar historias. En especial cuando los viajeros más inquietos, tres niños de corta edad que viajan con su tía, empiezan a aburrirse y a preguntar mil cosas a la vez. La torpeza de la mujer para lograr que sus sobrinos mantengan el interés por sus palabras alerta a un viajero, que se ofrece, a contar una historia.

El cuentacuentos va dejando ver sus artificios para mantener a los niños interesados: una niña muy buena muy buena, ejemplo de todo lo que debe hacerse, resulta premiada con algo que a cualquier persona le parecería un gran honor. Sin embargo, una vez que consigue el premio, descubrirá que el azar a menudo tiene que ver el desenlace feliz de los acontecimientos.
El maestro del relato, Saki, consigue en esta historia de aparente sencillez poner de manifiesto el conflicto que supone para un adulto relacionarse con niños y viceversa, además de esbozar una hermosa teoría de la literatura a base de reflexiones veladas sobre cuáles son los aspectos que mantienen el interés de un lector siempre en la cima.
La delicadeza del relato y la ausencia de tensión del texto se complementan a la perfección con las ilustraciones de Isabelle Vandenabeele, de un expresionismo casi doloroso.

EL CUENTACUENTOS

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El interior de un tren es un lugar perfecto para contar historias. En especial cuando los viajeros más inquietos, tres niños de corta edad que viajan con su tía, empiezan a aburrirse y a preguntar mil cosas a la vez. La torpeza de la mujer para lograr que sus sobrinos mantengan el interés por sus palabras alerta a un viajero, que se ofrece, a contar una historia.

El cuentacuentos va dejando ver sus artificios para mantener a los niños interesados: una niña muy buena muy buena, ejemplo de todo lo que debe hacerse, resulta premiada con algo que a cualquier persona le parecería un gran honor. Sin embargo, una vez que consigue el premio, descubrirá que el azar a menudo tiene que ver el desenlace feliz de los acontecimientos.
El maestro del relato, Saki, consigue en esta historia de aparente sencillez poner de manifiesto el conflicto que supone para un adulto relacionarse con niños y viceversa, además de esbozar una hermosa teoría de la literatura a base de reflexiones veladas sobre cuáles son los aspectos que mantienen el interés de un lector siempre en la cima.
La delicadeza del relato y la ausencia de tensión del texto se complementan a la perfección con las ilustraciones de Isabelle Vandenabeele, de un expresionismo casi doloroso.